15 May Los Caprichos de Goya. Octubre 2013 – Enero 2014

Francisco de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos, Zaragoza, España, el 30 de Marzo de 1746. Se inició en la pintura en el taller de Luzán, donde conoció a Francisco Bayeu con quien estudió hasta 1770. En 1784, tras ganar un concurso convocado para la decoración de la Iglesia de San Francisco el Grande, consiguió retratar a la duquesa de Osuna y conocer a la duquesa de Alba. Con la fama obtenida, en 1789 fue nombrado pintor de cámara del rey Carlos IV, y aún cuando su relación con la realeza fue cercana, esto no le impidió frecuentar a sus amigos los pensadores liberales. Francisco de Goya fue también pintor de la corte de José Bonaparte y de Fernando VII. En 1824 se trasladó a París y se instaló en Burdeos donde murió el 16 de abril de 1828, a los 82 años de edad.

A lo largo de su vida, Goya sufrió grandes depresiones causadas- entre otros motivos- por la enfermedad y la guerra. Sus distintos estados de ánimo quedaron claramente expresados en su producción plástica. Los frecuentes momentos de crisis pueden apreciarse en algunos de sus grabados y nos aportan elementos para entender y valorar el conjunto de la obra.

En 1799 dio a conocer “Los caprichos” y los puso en venta a través del Diario de Madrid, en donde publicó un anuncio francamente atrevido para su época. A propósito del texto, Justino Fernández señaló: “el anuncio de los Caprichos es todo un manifiesto de un nuevo concepto de la realidad y del arte”. En el anuncio, Goya advierte al público que la temática de los grabados está dada por asuntos caprichosos, producto de su propia invención, y asevera que la censura de los errores y vicios humanos no sólo puede ser tratada en la poesía; sino que es también objeto de la pintura. Declaró además, que su intención no había sido ridiculizar los defectos particulares de un individuo, sino utilizar el ridículo para aludir a la naturaleza humana.

En “Los caprichos” el artista liberó la expresión de su mundo interno, sus fantasías y angustias, que unidas a la crítica social contra el clero y la monarquía dieron como resultado esta serie de grabados con temas que fluctúan entre lo real y lo irreal, entre lo consciente y lo inconsciente.

Goya trabajó con la libertad de exponer en sus creaciones artísticas todo aquello producto de su imaginación, sus sentimientos y estados anímicos, y recurrió a la sátira para criticar a sus personajes.

Así, los grabados, sumados a sus declaraciones en aquel periódico, rompieron el concepto del arte y realidad que tenían los pensadores racionalistas y neoclásicos de la época, para quienes la invención en el arte era una mentira, pues la pintura debía reproducir fiel y objetivamente la realidad. En cuanto a la belleza, ésta se ajustaba a un ideal inscrito en la antigüedad clásica.

Goya no sólo se reveló contra la Monarquía y la Iglesia, también contra casi todo el pensamiento y limitantes de su tiempo, reinterpretando conceptos y abriendo nuevos caminos en la creación plástica y el goce estético. La calidad interpretativa y su originalidad convirtieron a esta serie de aguafuertes en una pieza clave de la historia del arte en occidente.